lunes, enero 02, 2012

THE WIRE T.4 LOS CHICOS DEL BARRIO



El año 2011 fue entre muchas cosas, el año en que me reconcilie con las series de televisión tras pasar mucho tiempo desconectado. Han bastantes las series y temporadas que he visto (muchas más de las aquí reseñadas) y si tengo que destacar una es sin duda The Wire. Fue hace casi siete años que intenté verla por primera vez y no pasé del segundo episodio de la primera temporada, sin embargo en el pasado mes de marzo comencé de nuevo y ahí voy de un tirón con toda la serie intercalada con otras producciones.

The Wire es una producción sumamente sólida que al contrario que muchas otras ficciones sabe ofrecer algo distinto en cada temporada y por el ello el cambio de registro de esta “fourth Season” no podrían haber sido más espectacular y radical. El tema de la droga sigue de fondo claro está. Pero el peso de todo recae en cuatro niños de entre 10 y 13 años de edad llamados: Michael, Namond, Randy y Duke. Sus relaciones, sus problemas escolares y la vida en el instituto es lo que podremos ver en estos trece episodios.

Hay personajes “míticos” de la serie que se ven relegados a meros secundarios: McNulty está feliz con su nueva vida de patrullero, Bunk sigue a lo suyo y cada aparición que hace es para enmarcar, Kima y Freamon están en homicidios pues la unidad de crímenes especiales de Daniels ya no existe. Entre los antihéroes, Omar seguirá su particular guerra contra Marlo y Bubbs sobrevirá como pueda.

Hemos dicho que tenemos el tema de las drogas, de la educación infantil y falta el tercer pilar que es la política con la carrera por la alcaldía que tienen mano a mano Royce y Carcetti. La serie como siempre es una cruda radiografía de la realidad de Baltimore donde las estadísticas priman sobre los crímenes resueltos para no quedar muy “mal” o los resultados de los exámenes semestrales cuentan más que integrar a un grupo de chavales con problemas en la sociedad.
Crudeza, sordidez y una tremenda sensación de desamparo. Así te quedas normalmente de ver como es el día a día en una escuela de primaria de Baltimore repleta de chavales cuyo futuro pasa por la droga ya sea como consumidor, como víctima colateral o directamente a ganarse la vida en las esquinas.

Los miedos y motivaciones de estos cuatro chavales totalmente distintos entre ellos, como si fueran una pandilla real (la serie sigue prefiriendo el realismo, a la espectacularidad, clave de su éxito) y como dos ex – policías como son Presz (me niego a escribir su apellido) y Colvin (totalmente repudiado después de “legalizar” las drogas) intentarán salvar a todos los posibles así como el antiguo soldado y su gimnasio para almas descarriadas. Son unos críos a los que probablemente cualquiera de vosotros metería de hostias sin dudarlo de lo odiosos que resultan, más terrorífico resulta pensar que auténticos monstruos como Barksdale y Stringer Bell empezaron así.

En la tercera temporada las Torres Altas cayeron, ahora las esquinas son más importantes que nunca, así como las miles de casas cerradas que hay en Baltimore donde pueden esconderse un buen número de cadáveres. Así están las cosas en una ciudad que tiene un protagonismo y una personalidad propias, Baltimore es McNulty y los demás lo que Gotham es a Batman para entendernos.

Para ir terminando no puedo dejar de mencionar que estos trece episodios tienen un dinamismo inusitado para lo que es The Wire, se pasan volando y eso que alguno dura cerca de hora y cuarto. El final deja cierto regusto amargo por lo injusto que es para ciertos personajes con los que te encariñas.

Esta semana me pongo con la quinta, que me muero de ganas de saber que pasa con ese personaje que “regresa”.

NOTA: 9/10

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