lunes, febrero 24, 2014

THUNDERBOLTS: ALERTA ROJA. Progresa adecuadamente.



Cuando me compré el primer tomo de los Thunderbolts la verdad es que no supe muy bien que hacer con la colección porque lo cierto es que no me gustó prácticamente nada pero albergaba esperanzas en el grupito de operaciones encubiertas del General Ross. Además sigo a los T-Bolts desde sus orígenes y su primera aparición en un numerito del volumen tres de Forum de El Increíble Hulk y desde entonces ya han pasado años y colecciones… una oportunidad más y no me arrepiento porque las sensaciones han sido tremendamente más positivas.

Para empezar la mayoría del tomo está dibujado por Phil Noto que es una notable mejora contra un Steve Dillon al que se le notaba que dibujaba la serie con ganas y que demostró que para él un personaje se acaba a la altura de las rodillas o como mucho de los tobillos porque se mostró totalmente incapaz de dibujar pies en ninguna viñeta salvo una en la que Hulk saltaba a los cielos y supongo que es que no le quedaría más remedio.

La verdad es que tampoco nos encontramos ante la mejor versión de Noto – la que según podemos apreciar por las previas si que veremos en la próxima serie de la Viuda Negra – pero la narrativa gana mucho aunque se aprecia cierta rigidez sobre todo en las caras. Dillon dibuja el último capítulo incluido en este tomo y que está protagonizado por Punisher, se nota que este le gusta más, pues bien estas 24 páginas ya son mejores que los seis números del primer tomo, claro que también hay una explicación: Charles Soule.

Con Thunderbolts se produce el debut oficial de Charles Soule en la Casa de las Ideas, uno de los últimos autores llegados de Image Comics y que en la actualidad se ocupa de cerca de una decena de títulos entre series Marvel, de DC y de Image, además de proyectos especiales y todo ello sin abandonar la abogacía, de momento me ha parecido que es un tipo a seguir, esperemos que no acabe quemándose como le pasó en su día a Joe Casey, Joe Kelly o Paul Jenkins que de estar en todas partes fueron borrados casi del mapa de un plumazo.

La historia versa de un grupo terrorista islámico que se hace con una tecnología de la antigua unión soviética que le servirá para crear un arsenal de armas de destrucción masiva muy numeroso que pone nerviosa a la CIA, Ross y su equipo se encargarán por su cuenta de dicha amenaza. Way hace un buen trabajo creando una historia competente de espionajes y fantasmas varios de la guerra fría y personaliza bastante bien a los personajes, aunque todavía queda un poco vacía o coja el motivo de que Masacre esté en el grupo que imagino que se debe más que nada a un capricho del escritor para seguir escribiéndole tras todos los años que lo hizo en su penúltima serie.

Daniel Way juega bien con el Universo Marvel y hace que la forma en la que se presenta la amenaza sea la de unos antiguos conocidos de la Casa de las Ideas, además incorpora a un secundario que se saca de la manga (y que fijo que se folla la continuidad establecida en algún punto) ligado familiarmente a uno de los protagonistas que no facilitará precisamente las cosas y que es el detonante del epílogo de este tomo.
Va mejorando, espero con ganas el próximo tomo.

NOTA: 7/10

2 comentarios:

Butterfist dijo...

Cuando vi la alineación de estos Thunderbolts pensé: "Esto va a molar que te cagas!". Sin embargo, a los segundos vi el nombre de Dillon y se me esfumaron todas las esperanzas. Aún así, no es culpa exclusivamente del dibujante, y me parece que este segundo arco argumental es mejor que el primero, pero aún así a la historia le falta mucho muchísimo para estar a la altura de los Thunderbolts de Zemo o de Osborn. Un saludo!

XAVI dijo...

Bueno, Dillon tiene su estilo própio. A ver es un tío que a algunos no les puede gustar pero que dota a sus personajes de una gestualización buena.

Los Thunderbolts nacen como un puñado de villanos intentando pasar por héroes (Zemo) o un grupo de villanos intentando "comportarse" o redimirse como héroes (Osborn).

En el caso de Ross, son un grupo de "anti-héroes" de lo más violento que se encargan de llevar a cabo misiones secretas de cuestionable o dudosa moralidad.

A ver, las comparaciones son odiosas pero son conceptos que aunque son distintos, rozan en algunos puntos. Y es, precisamente de la mano del guionista donde ambos conceptos han de florecer y cosechar existos.