jueves, julio 31, 2014

LOBEZNO Y LOS X-MEN: ALFA Y OMEGA. Ni Chicha ni Limoná.




Cuando Marvel Comics anunció esta miniserie me interesé de inmediato por ella, porque haciendo cuentas era un producto cien por cien seguro. Primero teníamos el concepto de Lobezno como director de la escuela Jean Grey para jóvenes talentos, después teníamos a Brian Wood sustituyendo a Jason Aaron como escritor, pero en esos momentos Wood escribía X-Men “a secas” que estaba bastante bien…

El tema es que como mi economía es un asco no me pude permitir la compra de ese tomo y ahora antes de entregárselo a un legítimo dueño – he hecho de intermediario en la transacción – le he echado el diente ¿el resultado? Pues que me alegro de no habérmelo comprado y eso que curiosamente es uno de los últimos tomos que Panini editó en formato tomo barato y no en 100 % estafa.

La historia cuenta como Quentin Quire que es el verdadero protagonista de la historia un buen día decide putear a Lobezno como nadie lo ha hecho y para ello consigue vencer todas las defensas psíquicas del canadiense – como si fuera fácil – y hace que Logan viva un videojuego perpetúo como si fuera el protagonista de un sandbox gigante, a modo de curiosidad no se si es cosa de Wood o de los dibujantes, hay algunos cameos muy molones como el de los robots policías de Patlabor o los soldados Hellgast de Killzone que podéis ver en las imágenes que acompañan esta reseña.

Lo malo es que hay varios factores con los que no contaba Chico Omega, el primero que Armadura – de la que se cometen varios fallos de continuidad – se ve involucrada por estar en ese momento entrenando con Logan y la segunda que la realidad que ha creado escapa enseguida de su control y se lía la de Dios es Cristo. Logan e Hisako no están muy bien representados que digamos, se limitan a darse de hostias con todo lo que les viene encima.

Sin embargo, Quire me ha encantado, creo que es un personaje con mucho potencial, siempre cínico, irónico e hiriente pero mucho más integrado de lo que le gusta admitir y sin duda interesado por sus compañeros, resumiendo que es un hijo de perra con una fachada mucho menos blanda de lo que le gusta admitir. Wood entiende bastante al personaje y a base de monólogos internos y externos – para mofa y sorpresa de sus compañeros – nos detalla la lucha interna que está teniendo lugar.

Desgraciadamente cinco números USA para esto son muchos, porque esta trama da para un solo capítulo independiente sin necesidad de complicarse más la cabeza, pero como no debía de poder sacarlo en su propia serie y en la de Aaron no había huecos para contarla pues ya de paso han intentado sacarnos los cuartos a los lectores.

Señalar por último que Mark Brooks hace las portadas y algunos interiores en compañía del desconocido para mi pero cumplidor Roland Bolschi. Al menos hay que reconocer que a nivel de dibujo la serie cumple de sobras.

NOTA: 5/10

1 comentario:

Mike Lee dijo...

¡Ufffff!
Una miniserie absurda y bastante estúpida. Por suerte no tiene trascendencia alguna en la colección madre de Jason Aaron.

¡Saludos!